 | CHAVEZ podía pensar que era el protagonista de la película. Se ha trabajado a fondo su papel de líder del movimiento populista de liberación bolivariano y aparentemente ha llevado la voz cantante en el escenario político iberoamericano. Siguiendo con la metáfora cinematográfica, su rostro llenaba la pantalla. Sabe jugar con la escena, con los medios de comunicación. Es el perfecto ejemplo de un actor de reparto que alcanza protagonismo y se agarra a él como a un clavo ardiendo. Es un actor listo que maneja un mensaje simple pero eficaz: O se está conmigo o contra mí, socialismo o muerte. Y lo hace sin escrúpulos. No para de hablar. Quizás teme que si se calla todo acabe en fundido en negro. Tiene petróleo, dólares. Pero ya ha sufrido algún revés importante. Además, hay un actor al fondo, con poder y autoridad, que todavía no había dicho esta boca es mía. Lula, hasta ahora, parecía estar excesivamente callado, aunque, lo cierto, es que, en ocasiones, hablaba elocuentemente con su silencio. Quizás prefería que los hechos hablasen por sí solos. Con eso, de momento, le bastaba.
Desde el comienzo de su segundo mandato, en enero de 2007, observamos que Lula está más serio, más reflexivo, más sereno. No abusa ya de su verbo encendido ni de sus conocidas salidas y ocurrencias, y, durante algún tiempo, parecía preferir un segundo plano en la escena (internacional) iberoamericana. Esto lo hemos podido comprobar en las últimas Cumbres Iberoamericanas. El Lula que se medio ocultaba en el balcón del Ayuntamiento de Salamanca hace dos años no parecía el mismo que el que saludaba eufórico a las multitudes que lo aclamaban en Oviedo en 2003 cuando acudió a recibir el Premio Príncipe de Asturias. Muchos ni siquiera se enteraron de que estuvo presente en la Cumbre de Santiago de Chile, que tanto ha dado que hablar. Se sabe que tuvo una intervención brillante en la reunión que se celebró a puerta cerrada, pero en los actos públicos buscó intencionadamente la discreción.
Por su personalidad y por su propia trayectoria política, Lula está muy alejado de Chávez. Quienes le conocen dicen que le irrita profundamente. No quería entrar en el juego bronco y provocador del presidente venezolano. Utilizaba métodos más sutiles, como los dos anuncios que hizo públicos en la última Cumbre Iberoamericana: dos avisos para navegantes. El primero era el descubrimiento de una reserva gigante de gas y petróleo en la costa de Sao Paulo que puede suponer el final de la dependencia energética de Brasil. Era algo ya conocido, pero dicho allí adquiría una especial significación. El segundo era aún más explícito: la petrolera estatal Petrobrás se descolgaba del Gaseoducto del Sur, un proyecto faraónico y beligerante defendido con entusiasmo por el propio Chavez. Con todo, el indicio más significativo, quizás, de que Lula estaba callado pero no tanto, nos llegó cuando se pudo conocer el nuevo plan estratégico de reorganización de las defensas fronterizas y costeras de Brasil, lo que representaba un aumento del 50 por ciento del presupuesto de material bélico del país.
Brasil, con todos sus problemas, atesora un potencial enorme. Es uno de los grandes tigres del siglo XXI, por su dimensión geográfica, por su población y por sus ingentes recursos naturales. Los nuevos descubrimientos petrolíferos se añaden al liderazgo brasileño en la producción y explotación de biocombustibles. Son más madera para un tren que ya nadie puede parar. Brasil está en mejores condiciones que nunca de aumentar su peso e influencia en los organismos económicos internacionales (quizás la entrada en el G-8 sea poco realista pero está ya en el ambiente) y de tomar las riendas de la situación política y económica en América Latina. Es en este escenario en el que hay que situar las expectativas y los temores que suscitó, dentro y fuera de Brasil, la llegada al poder del PT, un partido revolucionario liderado por un ex sindicalista, decidido a atacar de raíz los males sociales de Brasil. Los temores se desvanecieron pronto al conocer el pragmatismo del nuevo Presidente y su compromiso con las reglas de juego democráticas y económicas, pero las expectativas estuvieron a punto de truncarse en el momento en el que se empezaron a conocer innumerables casos de corrupción en el PT, cuando precisamente sus dirigentes habían hecho de la ética el santo y seña de su actuación política. No obstante, y contra todo pronóstico, el Presidente brasileño supo luchar contra viento y marea y salió milagrosamente indemne de la crisis.
Nada de esto hubiera sido posible sin la habilidad de Lula para establecer una inteligente alianza con el sistema financiero nacional e internacional, al tiempo que lograba conservar el apoyo de las clases populares a través de programas sociales como Hambre Cero o Bolsa Escuela, tachados de populistas pero crecientemente eficaces. Ahora prácticamente no tiene contestación interna: la oposición parece vacía de nuevas ideas y programas, y a los Estados, con una gran autonomía pero necesitados de recursos, no les conviene indisponerse con el gobierno central. El antiguo obrero metalúrgico ha sabido aprender, de la vida y de su experiencia política, que no hay milagros en la lucha contra la pobreza. «Você e muito ansioso», le dijo una vez a Chávez. Él no lo es, y quizás por eso representa hoy para muchos una vía fiable y razonable para salir del atolladero en el que se encuentran algunos países iberoamericanos.
Era muy importante que Lula tomara la palabra. Estábamos pendientes de que lo hiciera y tenía la responsabilidad de hacerlo. Una responsabilidad de la que no se podía desentender fácilmente. De ser el mito de una izquierda revolucionaria (probablemente a su pesar) ha pasado a ser un símbolo de los países latinoamericanos que creen en la democracia, en el libre mercado, en el mantenimiento de las reglas del juego, y en la necesidad de lograr un desarrollo estable y sostenido. En este sentido, Lula podría convertirse en su portavoz, su vocero. Estaba esperando su momento. La derrota de Chávez en el referéndum le obligó a ser cauto. No era la hora de hacer leña del árbol caído. Pero parece que el momento de hablar ha llegado: la Cumbre extraordinaria de Jefes de Estado UNASUR con motivo del grave conflicto que enfrenta al Presidente Evo Morales con algunos gobiernos regionales. El mensaje de Lula en esta reunión ha sido fundamental y ha logrado relegar el discurso radical de Chávez a un segundo plano. El protagonista es él y no Chávez. Por fin Lula se ha decidido a saltar al difícil ruedo iberoamericano. Ahora, el rostro de Lula ocupa toda la pantalla.
Fonte: ABC España |